viernes, 10 de abril de 2015

Valencia. Colegio Imperial de Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer

 
 
 

 
Grupo de niños y niñas del Colegio Imperial de Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer, con el hábito dominico.
 
    Fotografía de un díptico donde se solicita ayuda para el Colegio, con el texto: "Llevan el hábito de San Vicente. Llevan la gloria de cinco siglos de tradición. Para Valencia son una obligación honrosa, impuesta por San Vicente a la ciudad que le tiene por Patrono."
   Y  se añade: "¿Que das ya mucho para obras de caridad...? Dios es más generoso contigo. Piénsalo y da a estos niños por lo mucho que a Dios debes."
 
 
 
 
 
 
   En Valencia en la mano ó sea Manual de Forasteros, 1852, encontramos esta descripción de la institución:
 
 
"COLEGIO IMPERIAL DE SAN VICENTE
Manzana 49, P. de los Niños de S. Vicente, números 20 y 1.
 
   Nuestro paisano y patrón S. Vicente Ferrer, movido de su celo por el bien público, determinó fundar un recogimiento para niños y niñas huérfanos, y para este obgeto obtuvo el año de 1410 una casa frente la iglesia de San Agustín, que era de los hermanos terceros de Sto. Domingo; á los que y á la piadosa asistencia de unas señoras dejó su cuidado. Olvidado éste, y haciéndose sentir su falta en esta capital, varios ciudadanos se ocuparon en los reparos de esta casa, obteniendo de la magestad de D. Carlos V grandes privilegios que aprobó la santa sede, y del ayuntamiento de esta ciudad el patronato y uso de sus armas. Espulsados los moros de España, el rey D. Felipe IV en 1624 hizo donación del colegio que ocupaban los niños de los moros convertidos, á los de S. Vicente, trasladándose estos con las imágenes del Santísimo Cristo que llevaba el santo en las procesiones, y la del fundador, que es la que está sobre la puertecita de la iglesia.
   Este establecimiento, original en su clase, es propiamente un asilo de caridad, en el que subsiste la horfandad desvalida tan solo en el estado de la niñez, que es el más necesitado y el menos socorrido, hasta el de la pubertad, apto ya para cualquier arte ú oficio. Su gobierno económico y político, como también el ramo de educación de niños y niñas, no parece que pueda mejorarse. Además de enseñarles á leer y escribir con perfección, aritmética, gramática y dibujo, hay un taller de zapatería en el que bajo la dirección de un maestro aprenden el oficio aquellos niños que muestran aptitud para esta manufactura; á las niñas se les enseña igualmente á leer y escribir, hilar, hacer calceta, coser con primor, planchar y bordar. El número de niños viene a ser de 110 á 120, y el de niñas de 40 á 50. Su entrada en el colegio es á la edad de siete años, permaneciendo hasta los catorce, en cuyo transcurso apenas pueden ser útiles fuera de él, faltándoles comúnmente fuerzas físicas y morales para ello.
   La capacidad y buena distribución del edificio, su localidad y ventilación proporcionan el mejor estado de salud en los niños, y el cuidado continuo de atender el aseo, curiosidad y limpieza de los dormitorios y demás piezas y oficinas de la casa, no deja de contribuir en gran parte á que se logre un bien tan apetecible. Tiene una junta de administración facultada por reglamento para variar, corregir, quitar o adicionar lo que atendiendo á las circunstancias de los tiempos, crea conveniente al buen gobierno y prosperidad del instituto."
(todo sic)
 
 
 
 


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